« [...] Tener lo que me dé para comer y beber, y donde vivir, y el poco espacio libre en el tiempo para soñar, escribir -dormir-, ¿qué más puedo yo pedir a los Dioses o esperar del Destino? [...]
Tal vez [...] la poesía o la literatura sean una mariposa que, parándoseme en la cabeza, me torne tanto más ridícula cuanto mayor sea su propia belleza... [...]»